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lunes, julio 28, 2014

Conejos en el soto.

En la ribera del Ebro a su paso por Sobradiel encontré hace poco una familia de simpáticos conejos de monte que se entretenían en ir y venir corriendo y saltando por la zona. Se refugiaban en sus madrigueras ocultas en un talud lleno de zarzas a las que volvían al menor ruido, luego salían al cabo de un rato y se alimentaban con lo que pillaban por allí, sobre todo vi que comían hojas verdes de planta del regaliz, supongo que a ellos también les gusta el sabor del regaliz como a los zagales.


 El conejo de monte (Oryctolagus cuniculus), es un animal indispensable para el mantenimiento de muchas especies de mamíferos como el lince, el zorro, lobo, el turón o el tejón y muchas aves rapaces como por ejemplo el águila real o el búho real.


 A pesar de su importancia como eslabón clave de la cadena trófica, el agricultor no es gran amigo del conejo, ya que a veces sus poblaciones aumentan en número como una plaga y afectan de forma grave a los cultivos, campos e infraestructuras de riego, pues hacen largas madrigueras a veces hasta en acequias de riego provocando roturas de taludes e inundaciones de campos.


  En las últimas décadas el conejo ha sido víctima de sucesivas enfermedades y epidemias como la mixomatosis o la enfermedad hemorrágica, de la que van saliendo nuevos brotes de diferentes variantes del virus, así que tras algunas explosiones demográficas vienen grandes caídas de población por estas enfermedades.


 Así pues ante la falta de cierto número necesario de depredadores que sanearían las poblaciones de conejo de sus enfermedades, son esas mismas enfermedades las que se convierten en plagas y terminan de golpe con gran número de animales, desequilibrando fuertemente la pirámide trófica y con ello los ecosistemas.

Mamá conejo vigila a sus gazapos en sus juegos.


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