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sábado, octubre 11, 2008

El ciprés y el olivo.


El ciprés (Cupressus sempervirens) y el olivo (Olea europaea) son los dos árboles más representativos de la cultura e historia mediterránea. Ambos son procedentes de los países del Mediterráneo Oriental y posiblemente fueron llevados a través del Mediterráneo y cultivados en todos los países costeros gracias a muchos pueblos antiguos como los fenicios, griegos y sobre todo los romanos que fueron los que los introdujeron en toda la Península Ibérica.
Los dos árboles tuvieron para diversas culturas propiedades mágicas y curativas a veces relacionadas con ciertos Dioses y mitos. El ciprés fue un árbol muy venerado por la cultura greco-latina que lo relacionaban con la muerte y por su forma recta y estilizada apuntando al cielo como una llama creían que escalando por sus ramas ascendían las almas de los muertos a los cielos, de ahí la tradición de verlo plantado en los cementerios. En otras zonas el ciprés fue considerado un símbolo de hospitalidad, se plantaban dos cipreses a la entrada de las casas en las que los viajeros podían descansar, alimentarse y reponer fuerzas. El nombre “sempervirens” viene del latín “siempre verde”, color común de sus hojas durante todo el año, esto junto con la durabilidad de la madera y aguante al agua y la pudrición hacen del ciprés un árbol misterioso para las antiguas civilizaciones que pronto lo incluyeron en sus ritos religiosos, mitos y leyendas.
Existen dos variedades naturales de ciprés común (Cupressus sempervirens pyramidalis)
de porte piramidal o columnar, muy utilizado en jardinería y el (Cupressus sempervirens horizontalis) de porte más abierto, parecido a un cedro o pino.
El crecimiento del ciprés es rápido hasta los cincuenta a ochenta años, cuando llega a alcanzar lo 20 o 30 metros de altura, luego ya se va ralentizando y engrosándose su tronco hasta los 500 años que suele vivir, aunque parece que existen cipreses que han llegado a los 1.000 años de vida.
El olivo es el otro árbol fundamental en la cultura del Mediterráneo, y hace más de 5.000 años el pueblo de Egipto extraía ya el aceite de oliva para utilizarlo en la iluminación de sus templos, en los baños como aceite perfumado y en la alimentación. También se han encontrado ramos y coronas hechas con ramas de olivo en las tumbas de las momias faraónicas. Fueron los fenicios los que llevaron el cultivo del olivo a las islas y Península Griega, después fue llevado por todo el mediterráneo gracias a las culturas romanas, árabes y judías que encontraron grandes virtudes y beneficios en el olivo, su fruto y el aceite.


Más tarde las expediciones de Cristóbal Colón llevarían el olivo hasta las Antillas y después al continente americano donde ahora es cultivado en muchos países, con buenas producciones en Perú, Chile y en Argentina donde parece que se está extendiendo su cultivo en los últimos años.
En España existen más de 260 variedades cultivadas de olivo siendo las más famosas y extendidas la Picual, Hojiblanca, Cornicabra, Manzanilla, Verdial, Picudo, Lechín de Sevilla, la Arbequina que es originaria de Lérida y se puede ver en muchas zonas de Zaragoza y Huesca, además en Aragón es muy cultivada la variedad Royal y la Empeltre que tiene su origen en la localidad de Pedrola y su área de cultivo va desde Logroño y Teruel y el Valle del Ebro hasta Tarragona, llegando incluso a las Baleares.
El acebuche es un olivo silvestre que crece más achaparrado y da una aceituna de menor tamaño, pero suele ser generalmente más resistente y rustico, por lo que es utilizado como patrón de injerto de variedades de producción.


Tanto el olivo como el ciprés representan la cultura e historia común de los países mediterráneos, por lo que en nuestros pueblos y ciudades deberíamos engalanar más nuestras calles, parques, plazas y caminos con estos árboles tan rústicos que se adaptan tan bien a nuestro clima y aguantan las fuertes sequías de nuestra tierra. Muchos ayuntamientos, no se por que tipo de moda, se obstinan en plantar árboles exóticos, cuanto más raros mejor en sus zonas ajardinadas, parece como si lo de afuera siempre fuera mejor. ¿Por qué no empezamos a sentirnos orgullosos de lo nuestro y como muestra empezamos a plantar más olivos, cipreses y otros árboles mediterráneos en nuestros jardines y nos dejamos ya de tanto exotismo? Seguro que los turistas aprecian más una población rural mediterránea rodeada de un paisaje de olivos y cipreses que de acacias, arces, eucaliptos, hibiscos y magnolios.





3 comentarios:

Oscar Romero dijo...

Hola Jose me parece un articulo muy interesante. Como viene muy acolacion te dejo un enace de uno de mis ultimos trabajos

http://syrjardineria.com/olivos-y-cipreses-jardin-zaragoza/

Jose Miguel Pintor / Mail: jose.m.pintor@gmail.com dijo...

Hola Oscar, me parece muy interesante tu jardín de ciprés y olivo, pero perdona por lo que te voy a decir, pues lo de los abedules es algo que veo que no encaja en Zaragoza, se están usando en exceso últimamente como una moda o algo así, pero no van en un clima con veranos tan secos, sufren un estrés térmico muy serio. Si querías poner algún árbol de hoja caduca tienes otras especies que aguantan mucho mejor nuestro clima. Un saludo.

oscar dijo...

Por supuesto que no me molesto, y posiblemente tengas razón, pero hay una serie de factores que influyen a la hora de hacer este tipo de trabajos como la distancia si te das cuenta del deposito a la planta, la condición sin ecua-ne es que ninguna planta debe de tocar lo mas mínimo con el deposito de incendios, el cual si algún día tuviese una avería podríamos ser nosotros los culpables.Y otra condición es que cree una pared vegetal lo mas natural posible.dicho esto muchas opciones de arbolado con rama recia y de porte ancho quedan descartados....luego es una zona de mucho transito y la gente en verano no hace mas que sentarse debajo d ellas a oír el viento como mueve las hojas...
www.syrjardineria.com