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sábado, mayo 10, 2008

El chopo negro (Populus nigra)

Es este un árbol autóctono muy conocido por la gente en Aragón, su distribución es muy amplia por todo nuestro territorio y su explotación maderera es muy antigua pues se sabe que los romanos y griegos ya aprovecharon su madera mediante su cultivo.


Chopo negro en la ribera del Ebro.


El chopo está relacionado a cursos fluviales y fondos de valle, su sistema radical está formado por una raíz principal que se ramifica y penetra más en la tierra que la del álamo blanco y el temblón. Su altura puede llegar hasta los 40 metros, su tronco suele ser bastante recto y de color gris verdoso, muy agrietado y resquebrajado en árboles adultos.

Son árboles que con alta insolación y humedad en el suelo crecen rápidamente pudiendo verse en algunos híbridos crecimientos de hasta dos metros al año, de esto se puede deducir que su edad no suele superar los cien años.

Existen ejemplares machos y ejemplares hembras, así pues son dioicos como los álamos blancos y sus flores están dispuestas en amentos. Su semilla es arrastrada por el viento a kilómetros de distancia mediante un recubrimiento algodonoso que le ayuda en su dispersión y a la hora de adherirse a un sustrato húmedo para poder germinar. Los sotos llenan sus suelos de esta pelusa blanca pareciendo que hubiese nevado y a la gente no le suele gustar mucho porque irrita las fosas nasales y provoca estornudos, por eso a veces la pelusa es confundida popularmente con el polen, no siendo esta un alergeno común.

A partir del siglo XVIII en Europa y la Península se empezaron a introducir algunas variedades, subespecies y especies de chopo foráneas destinadas al aprovechamiento maderero y a la jardinería, así pues el primero de estos chopos en llegar fue el chopo lombardo (Populus nigra italica), después llegó el chopo americano (Populus deltoides) y mas recientemente diferentes híbridos papeleros (Populus x canadensis = Populus x euroamericana) de rápido crecimiento y alta producción de madera.


Chopo lombardo (Populus nigra italica)


El chopo lombardo es una variedad del chopo negro de tronco muy recto y ramas erectas que crecen muy pegadas al tronco. Podemos ver ejemplares de este chopo de gran belleza engalanando el paisaje en muchos valles del Pirineo, sistema Ibérico y tierras de Castilla. En el valle del Ebro también es común en tierras agrícolas plantado en los ribazos entre campos, pero allí se ve más mezclado con híbridos americanos.

El chopo papelero es ampliamente cultivado en nuestra comunidad, suele ser plantado en parcelas cercanas a las riberas pues en ellas a veces no se puede plantar otra cosa ya que las avenidas de los ríos inundan estas zonas, pero últimamente se puede observar como cada vez más se está extendiendo su cultivo a otras zonas de los valles mas lejanas de los cauces. Es regado por inundación “a manta” y se poda durante años para provocar el crecimiento vertical del tronco eliminando las ramas laterales, su ciclo de crecimiento es de unos 10 a 15 años hasta su corte, después de esto se extrae la raíz de la tierra que en estos chopos no se suele hacer muy grande por no faltarle el agua de riego y no tener necesidad de profundizar. Una vez preparada la tierra se vuelven a plantar árboles jóvenes de unos tres a cuatro metros de altura.


Chopera papelera en Sobradiel.

Bajo las choperas papeleras no suelen crecer muchas plantas por que la luminosidad que llega al suelo es mínima, todo suele estar cubierto de una capa de hojarasca bajo la cual se pueden ver lombrices, miriápodos, arañas y otros insectos. Algunas de las plantas relacionadas con el interior de las choperas suelen ser las zarzas (Rubus ulmifolius) y el sauquillo (Sambucus ebulus). La chopera papelera ejerce algunos de los papeles que antiguamente hacían los sotos a los que estos cultivos suplantaron como el de pulmón y filtro verde para el aire, el de freno de la fuerza de las avenidas de los ríos y del fuerte viento de nuestras tierras, sirven también para estabilizar y refrescar la temperatura de los alrededores así como la de las orillas de los ríos en verano beneficiando así a la fauna de estos como son los peces y anfibios que de otra forma sufrirían mucho en los calurosos veranos de Zaragoza. Por otra parte ningún cultivo arbóreo puede suplir al soto en cuanto a valor medioambiental, pues la biodiversidad de un soto bien conservado es muy alta en comparación con la de una chopera papelera en la que casi podemos contar con los dedos de las manos las especies de plantas y animales que viven y se reproducen en su interior.


Semilla y hojas de chopo negro (Populus nigra).

Volviendo a nuestro chopo negro autóctono, podemos ver ejemplares muy viejos en algunas zonas de Castilla y sobre todo en el sur de Aragón, río Martín, Guadalope, Aguas Vivas, Alfambra, Jiloca y Huerva y al oeste de Zaragoza por la cuenca del Jalón, Mijares y Gallocanta. En estos lugares desde hace siglos se sometía al chopo a un tratamiento periódico cada doce años aproximadamente que consistía en podarlo a cierta altura de unos dos o tres metros donde el ganado no llegaba a comer sus brotes. Luego se controlaba su crecimiento dejando varios brotes nuevos o guías que crecían de la “cabeza” que era la zona del corte o poda que con los años se engrosaba y abultaba así como su tronco que también crecía ensanchado por este tipo de práctica. Con este sistema el campesino recolectaba la madera cortando las guías periódicamente sin necesidad de estar replantando los chopos cada vez que se cortaban y extrayendo su raíz. A este tipo de poda se le suele llamar “escamonda” y los árboles tratados de esta forma son conocidos por “chopos trasmochos” o “chopos cabeceros”. Un chopo cabecero aumenta su longevidad respecto a la de un chopo no tratado llegando a vivir más de trescientos años, por lo que tendríamos que cuidar especialmente los últimos chopos cabeceros de Aragón pues guardan en si un gran valor genético porque por su antigüedad sabemos con certeza que son de los pocos chopos que no se han hibridado con las nuevas especies exóticas. Es curioso que la administración forestal de España a partir de los años cincuenta promoviera la corta y eliminación de decenas de miles de estos chopos por considerarlos de baja productividad y refugio de plagas forestales, siendo que son mucho más resistentes a las plagas, son mas rústicos y están mejor aclimatados que los chopos híbridos.


Los chopos negros juntos con los álamos blancos son menospreciados por mucha gente que los considera árboles de segunda por la calidad de su madera comparándolos con robles o hayas, pero para mi por su importante papel en el ecosistema ripario ambos gigantes son indiscutiblemente los reyes de los sotos del Ebro.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

El chopo negro autóctono está en peligro de desaparecer por invasión genética de los chopos negros extranjeros que se han ido plantando.

Ahora se dan cuenta del valor de lo propio, después de años de desprecio, como dices.

Muy buenos los artículos del chopo negro y el chopo blanco.

Barracuda

Jose Miguel dijo...

Gracias Jose Antonio, lo del chopo es vergonzoso. Yo mismo que no soy un experto botánico ni mucho menos he visto y diferenciado caracteristicas del Populus deltoides en chopos que se suponía que eran autenticos Populus nigra reforestados por los de Montes en un espacio natural en Zaragoza.

Glósóli dijo...

Bonito comentario. Es fundamental que se conozca el gran valor del chopo negro autóctono, en nuestro caso el chopo cabecero. Seguramente conocerás la publicación que sacamos desde el Centro de Estudios del Jiloca: El chopo cabecero en el sur de Aragón. La identidad de un paisaje. Os animo a dar a conocer y a defender a estos gigantes de la ribera. Les estamos perdiendo.

Saludos,

Fernando