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sábado, diciembre 02, 2006

La higuera desaparecida

(Para ver las imágenes aumentadas picad en la foto con el ratón)



La higuera que aparece en la foto de la izquierda era un árbol bastante grande que se encontraba en el camino que baja desde Casetas hasta la ribera del Ebro, también conocido por algunos como el camino de la Jorja, cerca del GR99, recuerdo como muchas veces he comido sus higos, que estaban muy buenos por cierto. Esta higuera se encontraba en el cajero de una acequia y no hace mucho tiempo por las obras realizadas en la acequia para su cimentación, alguien llego a la conclusión de que estorbaba y fue podada a ras de tierra, aunque luego se puede observar en la otra foto de la derecha donde aún se ve algo de su raíz que en realidad no hubiera hecho falta cortarla, pero como siempre el cemento se impone a la naturaleza. Largos años de crecimiento y fructificación, duros inviernos y fuerte cierzo aguantado por esta higuera para perecer un buen día sin mas, nadie se acuerda ya de la higuera, pero he querido escribir este epitafio para recordarla y recordar también a todos los árboles que mueren cada día fruto del capricho y de obras mal planificadas. ¿Cuántos jardines se han construido en nuestras ciudades y para ello han talado grandes árboles llenos de recuerdos para luego plantar exóticos palos de escoba? ¿Cuántas obras que se venden como de rehabilitación ecológica han arrancado valiosos especimenes verdaderamente autóctonos para luego plantar árboles de vivero que en muchos casos enferman y mueren?

Cada día podemos observar estas cosas cerca de nosotros, antiguos plátanos de sombra, chopos, pinos y muchos otros sucumben ante el ladrillo, antiguos olivares de la Muela son cambiados por urbanizaciones de unifamiliares, pinares y estepas por polígonos industriales, las riberas del Ebro cambian sus sauces, tamarices, chopos y álamos por grandes pedruscos y muros de hormigón y en las altas laderas del Pirineo los pinos negros son cortados para crear nuevas pistas de esquí.

Ladrillo, cemento y asfalto, tristes lapidas para tantos árboles que nos han dado sombra y frutos durante largo tiempo, herederos algunos de unas cualidades trasmitidas a lo largo de generaciones que les hace diferentes a otros de su misma especie, adaptaciones al terreno, clima y otras condiciones que en su día les valió para sobrevivir a grandes cambios y penalidades, hoy estos árboles son pasto de desaprensivos que no valoran este patrimonio genético que tal vez algún día nos hubiera sido muy útil.

Tendríamos que exigir un respeto a los grandes y antiguos árboles para que los proyectos de nuestras ciudades y pueblos los tengan en cuenta y permitan así que continúen siendo durante muchos años un elemento más del paisaje y no acaben siendo suplantados por postes eléctricos, farolas, marquesinas o bancos de cemento.




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